¿Por qué siempre, en cualquier lugar, hay tanta diferencia entre norte y sur?


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Quizás si hablamos de diferencia entre norte y sur no vamos descubrir ni mucho menos nada nuevo. Ya en los 70s del siglo pasado se puso sobre la mesa que muchos de los programas de ayuda de la ONU y de otras organizaciones occidentales, apenas habían cambiado esta situación desde el colonialismo en África y Asia y lo que se venía arrastrado en América Latina unos cuantos siglos atrás. Las diferencias norte-sur han generado una polarización en términos de riqueza y niveles educativos y sociales y más de un siglo de planes globales no han conseguido reducirse, en parte, por la multitud de factores que pueden explicar las estas desigualdades.

La mayoría de las voces han atribuido históricamente las diferencia entre norte y sur a las razones políticas provocadas por el colonialismo europeo, unido a las deficiencias internas de cada país. Ahora, con un mundo globalizado y la disolución de las antiguas colonias, los procesos de desarrollo cada vez son más heterogéneos, por lo que las diferencias ya no son extensible al conjunto agregado del norte-sur, pues son las propias desigualdades las que generan el surgimiento de enclaves del sur dentro de norte, sobre todo en las grandes potencias económicas del norte de Europa, que no hace más que perpetuar la desigualdad social que venimos arrastrando desde el alzamiento de los países de occidente como capitales colonialistas.

Colonialismo y oportunidades educativas

 africa924/Shutterstock

Hay principalmente dos factores que explican las desigualdades norte-sur: los factores geográficos y los culturales. Para los primeros, Montesquieu sostenía en el Siglo XVII una hipótesis algo basta relacionada con la situación geográfica y el nivel de productividad y desempeño de los ciudadanos, que se ha mantenido, muy matizada e incluyendo muchas más variables, en el tiempo y muchas de las corrientes económicas neo-clásicas. El filósofo francés explicaba que las desigualdades norte-sur tenían mucho que ver con su situación geográfica; de forma que en los países pobres de África, sur y Centroamérica y Asia, al estar localizados en situaciones más cálidas y tropicales, sus habitantes tendían a ser menos trabajadores, poco curiosos y conformistas, y por este motivo, terminaban siendo gobernados por tiranos y déspotas que se aprovechaban de la situación; la corrupción iba de la mano y por tanto los niveles de desigualdad se disparaban; mientras, los países ricos se aprovechaban en conveniencia de la situación interna para sacar recursos naturales al mínimo precio respecto al comercio norte-norte o expoliaban directamente los recursos naturales.

 

Las necesidades en los diferentes climas han dado origen a los distintos modos de vida, y éstos, a su vez, han dado origen a los diversos tipos de leyes – Montesquieu, 1748).

Montesquieu no era una única voz que ha intentado explicar el origen de las desigualdades geográficas por el nivel de desempeño de sus habitantes. Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad Harvard y asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon, ha apuntado que el problema desigualdad geográfica tiene que ver con que las zonas más cálidas y tropicales no permiten una agricultura productiva y generalmente las enfermedades tropicales juegan un papel fundamentar en frenar el desarrollo.

Pero lo cierto es que, al igual que pasaba con la relación entre el PIB y el nivel de riqueza, estas diferencias geográficas no pueden explicar las desigualdades que se dan dentro de las propias regiones (Corea del Norte y Sur) de las ciudades como Madrid (Valdemingómez y El Viso), ni en sentido contrario el gran desarrollo de países en América Latina como Brasil o de China y Singapur en Asia; del mismo modo, la existencia de grandes enfermedades no puede tampoco ser un factor suficiente y necesario a considerar, pues en la mayoría de los casos son las propias enfermedades una consecuencia de la pobreza y de esos gobiernos déspotas de los que hablaba anteriormente.

Eurasia presenta una configuración geográfica propicia para el desarrollo de la producción de alimentos. Esto habría generado suficientes excedentes para que algunos habitantes se especializasen en actividades diferentes a la producción de alimentos, lo cual facilitó una rápida modernización de estas sociedaes – Extracto del informe del Banco de España sobre los determinantes de la renta per cápita.

Entonces, si los factores geográficos no explican por sí solos el origen de la desigualdad norte-sur, tendremos que examinar los factores culturales. Hay una teoría que puede explicar el desarrollo de la sociedad industrial en Europa y como esta supuso el aumento de la desigualdad tanto norte-sur como norte-norte, pues Weber explicaba que parte del fundamento de la estratificación social tenía mucho que ver con la Reforma Protestante y su cultura, pero la verdad es que otros países europeos también fueron prósperos siendo católicos, y además el país con mayor PIB per cápita es islámico; volvemos pues al punto de inicio. En conjunto, la unión de los factores geográficos y culturales puede explicar la desigualdad norte-sur, pero si aplicamos los mismos factores de forma regional no terminan de ser todo claros, por lo que tendremos que buscar otro culpable.

Quizás un los factores más importantes que han generado y siguen generando desigualdad social, tanto norte-sur como dentro del norte, es la falta de oportunidades educativas, sin duda la mayor de las fuentes de pobreza, pues implica menores oportunidades de desarrollo interno y mayor dependencia del exterior. De esta forma, y teniendo en cuenta que la mayor parte de la pobreza en el mundo se debe al bajo nivel de desarrollo educativo, parece que puede ser un factor determinante que tiene mucho que ver con las diferencias norte-sur, y si además sumamos el resto de factores descritos anteriormente y los implícitos a los factores sociales, culturales y educativos de cada región, el coctel termina por se explosivo y saca a la luz las vergüenzas de tantos años de enriquecimiento del norte y empobrecimiento del sur.

Un PIB per cápita alto, como el de Catar, no garantiza en la mayoría de los casos un menor índice de desigualdadEn la situación actual, si echamos mano de los indicadores típicos, el más común para medir el grado de riqueza de un país es el PIB per cápita, es decir la relación entre el total de habitantes de un país y el valor de la producción de bienes y servicios de demanda final en dicho país. Al utilizar la comparación del PIB per cápita para medir el nivel de riqueza no se incluye el coste de vida, que difiere de un país a otro, por lo que se genera un sesgo de que no refleja realmente la capacidad de sus habitantes de adquirir bienes y servicios, así que que tendremos que recurrir al PIB sobre la paridad de poder adquisitivo (PPA) para medir el desempeño real de la riqueza de un país, pues el PPA nos permite conocer la suma final de cantidades de bienes y servicios producidos en un país pero en referencia a su valor monetario.

Esta no es una cuestión baladí, pues si queremos hablar de desigualdad, podemos caer en el error de pensar de que un país con PIB alto es rico y por lo tanto su desigualdad interna no es tal. Esto es completamente falso, pues si tenemos en cuenta que los países con mayor PIB per cápita son Catar ($102.943), Luxemburgo ($80.119) y Singapur ($59.711) y que Catar está en el puesto 100 de desigualdad social según el índice GINI del Banco Mundial -y mucho más atrás Singapur en el 125-, entonces la relación entre riqueza interna y desigualdad no explica por sí sola las diferencias norte-sur.

Mayores recursos naturales tampoco garantizan más igualdadTampoco parece ser motivo de mayor igualdad la existencia de recursos naturales que impulsen la riqueza del país y que además generen empleo interno, pues Venezuela, uno de los países con mayores recursos naturales (petróleo) tiene un índice de desigualdad interna mayor que países como Azerbaiyán, Níger o Sierra Leona. Llegados a este punto, si tenemos en cuenta las diferencias entre el PIB de los más ricos y los pobres es de 180 a 1, y la desigualdad no muestra la misma correlación de que a más PIB per cápita menos desigualdad, ¿cómo podemos explicar esta desigualdad regional?

Generalmente, los factores geográficos han sido una buena forma para analizar la disparidad en términos de igualdad regional mostrando una correlación entre la distancia al ecuador y al nivel PPA, que puede ser de utilidad para hacernos una ideal del nivel de desigualdad en términos desagregados por país respecto a su posición geográfica en el planeta.

Fuente: Banco de España

Fuente: Banco de España

Comercio y globalización

lazyllama/Shutterstock

Otra realidad es que en el global agregado, la mayoría de estas desigualdades se han producido en el tiempo generalmente por la abundancia de deudas y por la desigualdad económica que históricamente ha impedido equidad social y política, ingredientes fundamentales para el crecimiento económico y por tanto para el desarrollo social, que ha provocado de forma exponencial y sostenida en el tiempo un contraste brutal en la mayoría de indicadores entre el Norte, históricamente desarrollado y próspero por los factores anteriores, y el Sur, subdesarrollado y pobre; y pese a la ayuda financiera que generalmente han prestado los países ricos en una suerte de compensación por el trabajo mal hecho, la mayoría no han podido salir del la franja de subdesarrollo del sur, tanto a nivel local como a nivel mundial.

De esta forma, la mayoría de variables que proporcionan el incremento de los nieves de renta, desarrollo y desigualdad no solo son replicables a nivel global, también lo son dentro de los propios países independientemente de en qué franja este situado. Quizás por poner un ejemplo significativo de un país rico con grandes desigualdades geográficas podría usar Inglaterra, que aun formando parte del G-8, muestra diferencias significativas correladas a la distribución geográfica: el área más pobre, Blackburn with Darwen tenía una renta per capita media de 9.970 libras a finales de la década pasada, algo que contrastaba con casi los 22.441 de la zona más rica de Londres. Y dentro de Europa las cosas no son muy diferentes:

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Además de los problemas implícitos a la desigualdades sociales, otros de los problemas que genera la asimetría norte-sur es sin duda la del comercio, que precisamente genera desigualdades estructurales que acaban afectando al resto de sectores. En parte, uno de los motivos de del impulso comercial de muchos de los países del norte a favor de una mayor competitividad está generada en parte por el aumento de las políticas de libre comercio adulteradas con medidas proteccionistas, como los subsidios agrícolas para los productores del Norte y las exigencias históricas al Sur de la reducción de aranceles y de ayudas estatales al mercado interior, sobre todo en la producción agrícola, a la vez que se exigen acuerdos de libre comercio y se controlan las fronteras frenando la inmigración y con ella, parte del comercio norte-sur.

Esto ha venido generado históricamente reclamaciones del sur al norte de un comercio más justo, de políticas comerciales más equitativas que, dado el poco poder comercial de esta región, han caído en el olvido de los países ricos y por extensión han ayudado a aumentar la desigualdad en tanto los productos del Sur que se quedan sin acceso a los ricos mercados del Norte, y si entran, son bajo condiciones muchos menos favorables que para mercados norte-norte o sur-sur

Reuters

Tomemos como ejemplo MERCOSUR, que tiene como principales destino a la UE, USA, China y Japón pero desde su fundación ha adquirido varias relaciones Sur-Sur que han propciado su expansión en América Latina y muchos países del sur de Africa, o por ejemplo ANSEA, con fuertes lazos Sur-Sur para el mercado asiático local; con todo ello, no acaban generar una ventaja competitiva frente a los mercados interiores del norte por la fricción de las políticas comerciales y perdida de competitividad interna de muchos países ricos frente a los pobres, imponiendo el norte condiciones predatorias que impiden un juego con las mismas reglas.

Las políticas comerciales del norte frente al sur no han ayudado a equilibrar la balanzaEsto está generando que la dependencia del sur con el norte cada vez sea mayor ,y en consecuencia, que las diferencias regionales se hayan agudizado aumentando la desigualdad. Pensémoslo por un momento: Europa ya no es tan prioritaria para América Latina y desde luego cada vez menos para MERCOSUR, pues aunque la la UE sigue siendo uno de sus principales mercados, sus relaciones Sur-Sur han propiciado que Asia y el Pacífico concentren el comercio de Brasil, Chile, Colombia y Perú, mientras que América Central y el Caribe han aumentado su interdependencia con Estados Unidos, por lo que las diferencias entre los dos Norte-Sur en cada una de las regiones se están acentuando aún más.

Y de la misma forma, la aparición de tendencias contradictorias en los países en desarrollo que generan claras líneas divisorias e impiden una equidad en términos de desarrollo económico. La más importante es la frontera entre un grupo de potencias nuevas (Brasil) y emergentes (Colombia, Perú) y otro conformado por países con altos índices de inestabilidad política y económica (Argentina, Venezuela) o afectados por la pobreza y/o la inseguridad (Bolivia, América Central). Aumenta la desigualdad norte-sur y con ello, la del sur-sur.

Wikimedia

Desigualdad norte-norte: Europa y España

Pese a que las desigualdades regionales globales si que son más visibles a niveles generales, menos conocido es el incremento de la desigualdad social y de la pobreza en los países desarrollados. En la UE, se da una doble frontera en términos de igualdad: en primer lugar la ya mencionada frontera norte-norte global representada por los países del norte rico como Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos y Suecia y el Sur más pobre, como España, Portugal, Grecia, Italia; países en los que la crisis de deuda, primas de riesgo y políticas de austeridad han generado una situación tremendamente desigual entre el norte rico y el empobrecido sur de Europa. La desigualdad norte-sur provoca que la inmigración del sur al norte en busca de oportunidades de los países más ricos generan regiones pobres dentro de países ricos; una suerte de sur dentro de norte, no como concepto geográfico sino como índice de igualdad, que además hace que el nivel de desigualdad de un país aumente exponencialmente cuando aumenta la pobreza.

Además, las diferencias norte-sur dentro de España también son significativas: País Vasco, Madrid, Navarra y Cataluña históricamente han tenido mayor PIB per cápita mientras que Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Murciahan sido regiones mucho más pobres, con menores niveles de industrialización y alfabetización. De nuevo, oportunidades. Es sencillo adivinar los motivos: la España que tiene industria y exporta, la que pierde población, y la que basó su economía en el ladrillo frente a la que tenía sectores claves para aguantar el temporal.

“No hay una única respuesta para esto: el empleo público y la capitalidad mantienen a Madrid más resistente a la crisis, Cataluña cuenta con un relativamente más importante consumo exterior (turismo y comercio exterior) y, en el caso del País Vasco, el colchón del ahorro en el mantenimiento de consumo ha pesado, así como algo de la orientación exportadora de su industria. – Guillem López-Casasnovas, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra

Por volver a repetir el ejercicio del PIB, la región de España con mayor nivel de PIB per cápita es el País Vasco, con 29,7 puntos por encima de la media nacional en comparación que se sitúa en los 129,7 puntos. La peor, Extremadura, 31 puntos por debajo de esa media nacional. Y eso era en 2008, más de 8 años de crisis económica han causado estragos en el nivel de desigualdad de España, y pese a que ha afectado a todas las regiones por igual, el caso de la regiones de nortes frente al sur es especialmente notoria:

Regiones españolas con PIB per cápita debajo de la media nacional

PIB per cápita por CC.AA.

Las diferencias en los flujos demográficos entre Comunidades (emigraciones, natalidad, repatriación de inmigrantes…) y la falta de proyectos e iniciativa empresarial de algunas zonas marcarán las nuevas disparidades. Quienes lo fiaban todo a la acción pública tienen hoy un problema grave. Los costes de haberse instalado en el subsidio público afloran hoy sin solución fácil” – Guillem López-Casasnovas, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra.

¿Y a dónde nos lleva esto? Pobreza, la principal consecuencia frente a la desigual distribución de los recursos; lo que genera que en los países menos desarrollados las personas son más pobres, tienes menos oportunidades educativas y, por tanto, laborales. Además, los menos favorecidos pagan mayores impuestos en proporción, respecto al resto de sectores sociales, aun contando los los tipos impositivos proporcionales que casi son un estándar alrededor del globo.

En una situación como esta, las desigualdades traspasan las barreras económicas y alcanzan a las de género, pues a día de hoy más de 550 millones de mujeres en el mundo son analfabetas, y no existe una solución a corto plazo más allá de luchar contra la desigualdad económica, una tarea titánica por lo limitado de los recursos y los intereses de los los países ricos.

Y no solo afecta al género femenino, pues en países como Níger, Burkina Faso o Bangladesh, fábrica de medio mundo, la desigualdad educativa es muy alta tanto para hombres como para mujeres, pues apenas existen oportunidades para acceder a la educación, algo que genera una latente falta de inserción laboral que produce en sí misma pobreza, exclusión social y desigualdad en renta. 

Via || Hipertextual

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